octubre 11, 2026
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El impresionismo fue un movimiento inicialmente pictórico y luego extendido a otras artes, como la música, que emergió en Francia entre 1867 y 1886 como reacción a la rigidez del arte académico de su tiempo. Su objetivo principal era capturar el efecto cambiante de la luz sobre las formas.

Esta actitud rompió con preceptos renacentistas vigentes en la pintura de la época, tales como la perspectiva lineal, la precisión detallista y las figuras idealizadas. El impresionismo se considera como el inicio de la pintura moderna y el primer antecedente de las vanguardias artísticas.

¿De dónde viene el término?

El término «impresionismo» es una etiqueta útil pero ambigua.

Fue acuñado por el crítico Louis Leroy tras ver una obra de Claude Monet en la primera exposición impresionista de París en abril de 1874. El cuadro se titulaba Impresión, sol naciente y mostraba una vista del puerto industrial de Le Havre con un sol naranja intenso reflejado en aguas púrpuras. Leroy y otros críticos aplicaron entonces el término «impresionismo» a muchas de las obras expuestas, que tenían formas vagas y pinceladas muy evidentes.

Noche de paz, Viggo Johansen, 1891.

Al principio, pues, el término «impresionismo» era despectivo y lo utilizaban algunos críticos de arte conservadores para ridiculizar este nuevo estilo artístico. Sin embargo, los artistas implicados (o la mayoría de ellos) pronto adoptaron el término para describirse a sí mismos y a sus exposiciones independientes, aunque nadie pudiera ponerse de acuerdo sobre el significado exacto del término. El «impresionismo» sigue siendo una etiqueta general útil, y sin duda capta lo esencial que estos artistas intentaban pintar, es decir, los efectos momentáneos de la luz y los colores, más que reproducciones precisas y fotográficas de la realidad (las fotografías se habían hecho populares a partir de la década de 1820). Trataban de crear una impresión de la realidad, o más exactamente, su impresión individual de la realidad que veían.

Para complicar aún más el uso del término, el impresionismo también implicaba un nuevo enfoque de los colores utilizados y de los temas. Las paletas más brillantes que se utilizaban a menudo eran muy diferentes a las de la pintura tradicional, pero, por otro lado, algunos artistas impresionistas utilizaban deliberadamente tonos más apagados.

El uso de colores más puros era otra característica. Los impresionistas destacaron por su interés en captar la vida cotidiana, las clases más pobres y los paisajes, pero, de nuevo, no siempre fue así. Por último, un elemento importante del proceso de producción de un cuadro para muchos impresionistas era pintar el tema al aire libre (en plein air), ahora una posibilidad gracias a la invención de los tubos de lata portátiles con tapa de rosca que contenían pintura ya preparada (antes, los artistas tenían que moler sus propios pigmentos). Pero, de nuevo, algunos artistas prefirieron seguir trabajando solamente en sus estudios, e incluso los defensores acérrimos del en plein air siguieron dando los últimos retoques a sus lienzos en el estudio.

En resumen, por «impresionismo» se entiende el arte producido desde la década de 1860 hasta finales del siglo XIX que desafió las convenciones de las bellas artes tradicionales, desafíos que diferentes artistas realizaron de diferentes maneras.

Primera vez, Anders Zorn, 1888.

Principales características

La luz, la combinación de colores y los trazos o pinceladas difusas son de las características más importantes del Impresionismo, ya que los artistas buscaban plasmar la realidad a través de trazos breves con colores puros; los cuales no necesariamente tenían sentido al observarlos de cerca, pero al ver la obra en su totalidad y a cierta distancia, reproducían una imagen definida y luminosa.

Otra de las características más sobresalientes del Impresionismo eran los pigmentos puros, ya que los pintores se enfocaban en crear nuevos tonos de colores. Esto, para hacer juegos de sombra con tonos complementarios para dotar de mayor profundidad a las obras, a diferencia del uso de la técnica del claroscuro, que más bien buscaba dividir los elementos y diferenciarlos entre sí.

Sauna, Zinaida Serebriakova, 1913.

Al usar colores mucho más puros o sin tantas mezclas, eran aplicados directamente sobre el lienzo para provocar otro resultado, quizá menos definido, pero más sincero, ya que cada ojo humano tiene una visión diversa, pero al final, la idea era eliminar la subjetividad, entonces, un trazo mucho menos delicado, permitía entenderlo mejor.

Aunque muchos pintores reflejaron elementos propios de su entorno, la mayoría plasmó paisajes y naturaleza, como los famosos Nenúfares o incluso casas y edificaciones de la época, pero rara vez se ven interiores o personas. Si es el caso, ellos se mezclan con el entorno natural.

Los pintores impresionistas aspiraban a pintar la luz en el momento exacto en que observaban el mundo, es decir, la realidad de la época. Por ello, estos artistas se inclinaban por los paisajes, que eran ideales para explorar el uso de la luz y del color para perfeccionar el método del Impresionismo.

Estanque en el santuario de Benten en Shiba, Hasui Kawase, 1929.

Asimismo, el retrato fiel de la naturaleza era esencial, ya que para ellos, el plasmar el color, la textura o la forma de una rosa, por ejemplo, resultaba injusto para el rosal en su totalidad. Entonces, fue una gran idea resaltar esos detalles dentro de una obra más grande, pero con la luz siempre como protagonista, es decir, como un elemento más de la pieza. Entonces, si bien una rosa se marchitaba en medio de un jardín durante el otoño, es lo que estaría reflejado en la pintura, más no, el cómo debería verse siempre una rosa sana, porque a decir verdad, la vida cambia y el mundo gira.

Eso es lo que se ve en la obra impresionista: una realidad del entorno, sin tientos, sin belleza común y sin poses, todo al natural y no hay nada más que se le acerque a la naturalidad que la luz en sí.

Principales representantes del movimiento

Mary Cassatt (1844 – 1926)

Mary Cassatt decidió ser artista, frente a la oposición de sus padres. Se matriculó en la academia de arte, donde ya permitían la entrada a las mujeres más “frescas”. Además siempre que podía se metía en discusiones feministas, nada comunes en la época, y tenía un comportamiento bohemio. Más de un disgusto le causó a su familia eso de que la joven Mary se fuera por ahí de juerga con sus compañeros varones.

La pintura de Cassatt era de una gran calidad, fruto de su talento; no en vano, estamos hablando de una artista al nivel de cualquiera de sus compañeros impresionistas. Su obra fue amplia, y pasó por varias fases, pero destacan en su producción imágenes de la vida social y privada de las mujeres, maternidades, y demás pinturas donde casi siempre está la presencia de la figura femenina, como reivindicándola.

El baño de la niña, 1893, Mary Cassatt.

Calude Monet (1840 – 1926)

Monet fue la figura clave del movimiento impresionista. De hecho, fue un cuadro suyo el que puso nombre al movimiento.

Sus innovaciones en el estudio del color y la luz causaron tanta admiración como rechazo, pero como bien sabemos, se adelantó lo justo a su tiempo como para ser considerado un innovador y tener éxito al mismo tiempo.

Cézanne aludió a la capacidad del artista para captar objetiva e inmediatamente la realidad. Sin embargo, su proceso creativo iba más allá de la observación directa de la naturaleza, y empleaba la memoria visual como recurso imprescindible para el acabado de sus composiciones. Las imágenes que se forman en la memoria son percepciones, igual que las determinadas por la visualización de las cosas, y entre ambas puede surgir, como ocurrió en la pintura de Monet, una nueva concepción de la imagen pictórica de la realidad. En sus últimas composiciones de lirios de agua, la forma está prácticamente disuelta en manchas de color, lo que, de algún modo, resulta una anticipación de lo que sería más tarde el arte abstracto.

El Pifano, 1866, Monet.

Pierre-Auguste Renoir (1841 – 1919)

Renoir nació en Limoges el 25 de febrero de 1841. Era el cuarto hijo de Léonard, un humilde sastre, y Marquerite Merlet, que también trabajaba en el sector textil.

Entre los familiares, circulaba el rumor de una supuesta ascendencia noble, pero el director Jean Renoir, hijo del pintor, afirmó en un libro biográfico sobre su padre que la cuestión nunca fue demostrada.

Renoir buscaba una interpretación subjetiva del mundo en la que el ojo del pintor dictaba las leyes: lo que se ve en un instante determinado es diferente en el instante sucesivo. Pintando al aire libre, las verdaderas protagonistas de sus obras eran las luces y la sensación efímera del momento.

Renoir puede ser definido como el pintor de la alegría: para él, pintar significaba la alegría de vivir, la búsqueda de la belleza y la fascinación frente a la naturaleza. Así, cuando el maestro Gleyre criticó este aspecto, el respondió cándidamente: “¡Si no me divirtiera, no pintaría nada!”

La Grenouillére, Renoir, 1869.

Edgar Degas (1834 – 1917)

Pintor y escultor, maestro del pastel y obsesionado por la danza (o más bien por las bailarinas) fue uno de los más célebres artistas vinculados al impresionismo, aunque a decir verdad, se veía a sí mismo como un realista y para él, la verdadera belleza radicaba en el dibujo acabado (de Ingres), algo verdaderamente anti-impresionista. Tampoco le interesó nunca el paisaje como al resto de impresionistas (de hecho, prefiería los interiores) y se dedicó casi exclusivamente al estudio del cuerpo humano.

La Absenta, 1876, Degas.

Gustave Caillebotte (1848 – 1894)

Caillebotte no fue solo pintor. También destacó como coleccionista, mecenas y comisario de exposiciones. Heredero de una fortuna familiar, pudo dedicarse plenamente al arte en todos estos ámbitos y ayudando a consagrarse a un movimiento que como sabemos empezó siendo rechazado por el arte oficial y obligado a exponer en salones independientes. Caillebotte financiaría muchas de estas exposiciones, permitiendo al mundo conocer a «artistas renegados» como Renoir o Monet.

Efecto de lluvia, Caillebote, 1875.

Joaquín Sorolla (1863 – 1923)

El arte y, en concreto, el impresionismo español tuvo en Sorolla a su figura más influyente. Pero el artista fue también el más importante (y exitoso) de la Belle Epoque española.

Después de Goya no habría otro pintor tan talentoso hasta bien entrado el siglo XX.

Pintor desde niño, Joaquín Sorolla empezó a enviar obras a concursos, pasando (como suele suceder) inadvertido. Sus paisajes no eran del gusto de las instituciones. Pero a los 20 años consigue al fin su preciada medalla por una obra histórica… tal y como le dijo a un colega suyo: «Aquí, para darse a conocer y ganar medallas, hay que hacer muertos.»

Poco a poco fue abriéndose paso entre becas y premios y consigue viajar a Roma, donde queda deslumbrado por el arte clásico y renacentista. Después a París, donde conoce la pintura impresionista y ve la luz (nunca mejor dicho).

Adapta este nuevo lenguaje de los jóvenes parisinos a su pintura, pero sin descuidar las temáticas que le gustaban a él: costumbrista, paisajes y marinas. Pronto, todo Madrid quiere una de sus pinturas y sin apenas darse cuenta, es toda Europa e incluso Nueva York quien cae rendido a su talento.

Paseo a orillas del mar, 1909, Sorolla.

Anna Ancher (1859 – 1935)

Anna Kirstine Brøndum fue una pintora danesa, figura clave en la modernización del arte nórdico. Se interesó por plasmar ante todo la luz y el color, por lo que se puede considerar una pintora impresionista, aunque lógicamente el movimiento le quede lejos geográfica y cronológicamente.

Buscando su estilo, descubrió que lo que le interesaba era observar la interacción de diferentes colores a la luz natural y a eso consagró el resto de su vida. Poco le importaba que hablaran mal de ella por estar casada y descuidar las tareas domésticas. Su marido el también pintor Michael Ancher (de ahí el apellido de la artista) nada podía hacer tampoco. Precisamente estas escenas domésticas fueron las más pintadas por la artista. Atmósferas íntimas de una gran calidad pictórica.

Por ello Anna Ancher es considerada como una de las grandes pintoras de la historia del arte danés.

Dolor, 1902 Anna Ancher.

Camile Pissarro (1830 – 1903)

Jacob Abraham Camille Pissarro, mucho más conocido como Camille Pissarro fue uno de los miembros más prominentes del impresionismo y co-fundador del grupo, uno de los «padres del impresionismo», encargado de pintar la Francia rural.

Paisajista sobre todo, pintó al aire libre, como es de esperar en un barbudo miembro del grupo y pintó la luz, el instante, la atmósfera, la impresión…

Fue también una figura importante como mentor. Entre sus discípulos hay que contar nada menos que a Paul Cézanne o Paul Gauguin, con quien no tuvo muy buena relación al final.

Boulevard Montmartre de noche, 1897, Camile Pissarro.

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